Inferno Squad: ¡Iden Versio presenció la destrucción de la primera Estrella de la Muerte!

El sitio USA Today publicó esta mañana el primer extracto del libro Battlefront II: Inferno Squad, el que nos contará todos los sucesos desde el final de Una Nueva Esperanza hasta el inicio de El Despertar de la Fuerza desde la perspectiva del Escuadrón Inferno.

El extracto corresponde a uno de los primeros capítulos del libro, el que nos remonta al momento exacto en el que un grupo de Imperiales, incluyendo a la protagonista Iden Versio, presencia la destrucción de la primera Estrella de la Muerte a manos de Luke Skywalker.

Extracto

“Atención, pilotos,” dijo la voz de su comandante, Kela Neerik, en los oídos de Iden, y por un breve y bello momento Iden pensó que su comandante de escuadrón le explicaría lo que pasaba. Pero todo lo que Neerik dijo fue, “La Estrella de la Muerte está a seis minutos de nuestro objetivo.”

Iden se mordió el labio, pensando si debería hablar. No. No lo hagas, se dijo a sí misma, pero las palabras adquirieron vida propia. Antes de darse cuenta, habían salido de su boca.

“Con todo respeto, Comandante, con solo seis minutos hasta la destrucción total de la luna, ¿qué hacemos aquí? Seguramente que treinta naves de un solo tripulante no podrán hacer ningún tipo de daño a la Estrella de la Muerte en ese tiempo.”

“Teniente Versio,” la voz de Neerik era fría como el espacio, “no asuma que la posición de su padre le otorga privilegios especiales. Estamos aquí porque Lord Vader así nos lo ordenó. ¿Tal vez desee hacerle la misma pregunta en persona cuando regresemos a la estación? Estoy seguro que estará encantado de explicarle su estrategia militar.”

Iden sintió un nudo en su estómago con la sola idea de una conversación “personal” con Lord Vader. No lo conocía en persona, afortunadamente, pero había escuchado muchos rumores aterradores. “No, Comandante, eso no será necesario.”

“Eso pensé. Cumpla su tarea, Teniente Versio.”

Iden frunció el cejo, y lo dejó ir. No necesitaba entender a los rebeldes; solo necesitaba destruirlos.

Apuntó hacia el X-Wing más cercano y disparó. Los láseres verdes cortaron a través de la nave enemiga, y solo quedaron los restos y una estela de fuego.

Como si sintieran un renovado propósito, los pilotos rebeldes mejoraron su estrategia. Hubo un breve destello en la visión periférica de Iden, y cuando volteó, se dio cuenta con sorpresa que esta vez los escombros que volaban en todas direcciones eran negros.

Iden no sabía quien había muerto. Los pilotos de TIE eran tan uniformes que era prácticamente imposible distinguirlos uno de otro. Sus pilotos no debían pensar sobre sus naves de la misma forma cariñosa sobre sus naves que los rebeldes supuestamente hacían. Una nave era una nave y era solo una nave. E Iden entendía que en lo que al Imperio respectaba, un piloto era un piloto y solo un piloto: tan desechable e intercambiable como las naves en que volaban.

Todos servimos para el placer del Emperador, su padre le había dicho desde que tenía edad suficiente para comprender lo que era un emperador. Ninguno de nosotros es indispensable. Iden ciertamente había visto naves Imperiales ser derribadas. Esto era guerra, y ella era una soldado. Pero al diablo con lo indispensable.

La sonrisa parcial que había mostrado durante casi todo el combate se desvaneció, e Iden presionó sus labios con enojo. Giró, tal vez un poco violentamente, hacia la derecha y apuntó hacia otro X-wing. En cuestión de segundos había explotado hasta convertirse en una bola de fuego entre amarillo y naranja.

“Te atrapé…” musitó.

“Sin comentarios, Versio,” le advirtió Neerik, su voz alzada; mas ardiente que gélida, esta vez.

Iden apuntó hacia el Y-wing más cercano, lo puso en su mira y lo voló en pedazos. Mirar los fragmentos del caza estelar salir disparados era solo una pequeña compensación por la muerte de sus compañeros pilotos.

“La Estrella de la Muerte está a dos minutos del blanco. Manténganse pendientes de su distancia con el planeta.”

Ah, así que esa era la razón por la que Neerik estaba informando la cuenta regresiva. Iden admitió el valor del piloto de un Y-wing cercano, más bien como una necedad; la nave se dirigía lejos de la Estrella de la Muerte a toda velocidad. ¿Estaba a caso dirigiéndose a la luna de Yavin, escogiendo noblemente morir con el resto de su base, o estaba tratando de evadirla?

Eso no pasará, pensó Iden, y continuó su persecución. Ajustó la nave enemiga en su mira y disparó. No se detuvo cuando la nave explotó, pero simplemente giró por encima de la bola de fuego y escombros, sintiendo la presión de su malla protectora, al tiempo que giraba el TIE fighter frente al Y-wing para tener el mejor ángulo.

La forma pálida y redonda de la Estrella de la Muerte se distinguía detrás de la nave, haciendo que otro Y-wing pareciera como uno de los juguetes que había tenido de niña. El Y-wing intentaba regresar a Yavin lo más rápido posible, girando erráticamente para evitar que Iden pudiera centrarlo.

De repente una cegadora brillantez llenó su campo de vista.

Temporalmente cegada, Iden fue arrojada violentamente, su TIE fighter rebotando fuera de control. Al tiempo que su visión regresaba, se dio cuenta que los escombros se dirigían hacia ella como si de repente se hubiera encontrado en un campo de asteroides. De nuevo enfocada con precisión láser evitaba frenéticamente los restos y maniobraba entre los pedazos más grandes deseando con todo su ser que los TIE fighters tuvieran escudos.

Iden giró y rebotó, respirando rítmicamente el oxígeno que milagrosamente seguía fluyendo. Pero sabía que era cuestión de tiempo. Eran demasiados escombros, algunos más grandes que una cápsula de escape, algunos tan pequeños como su puño, y estaba justo en medio de todo. Las piezas pequeñas se incrustaban en su TIE fighter. Tarde o temprano, uno de los pedazos grandes la alcanzaría, y tanto la Teniente Mayor Iden Versio como su nave se reducirían a pequeñas manchas en lo que quedaba de la luna de Yavin.

De alguna manera se había acercado demasiado al objetivo de la Estrella de la Muerte y se encontraba inmersa en la caótica estela de su destrucción, justo lo que su comandante le había advertido.

¿Pero cómo era posible?

“Auxilio, auxilio,” gritó Iden, incapaz de mantener su voz tranquila al tiempo que se inclinaba y subía desesperadamente tratando de evitar el desastre. “Este es el TIE Sigma Tres solicitando ayuda. Repito, TIE Sigma Tres solicita ayuda, ¿me escuchan? Cambio.”

Silencio. Un total, frío y pavoroso silencio.

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Traducción realizada por Mario A. Escamilla del sitio Star Wars Veracruz.

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